Por: Redacción ZP
El Páramo de Guerrero en Colombia se ha convertido en un refugio de paz donde la naturaleza abraza la memoria de quienes partieron. Y es que muchas familias que perdieron seres queridos por la pandemia han encontrado un espacio para rendir homenaje a sus seres queridos a través de la siembra de árboles. Este acto simboliza la continuidad de la vida y el legado eterno de de sus seres queridos.
Un lugar lleno de emoción: Páramo de Guerrero, en Colombia
Este páramo esta localizado en el municipio de Cogua, Cundinamarca, a 3.400 metros sobre el nivel del mar. Es un ecosistema frágil y vital para la regulación del agua y la biodiversidad. Sin embargo, en los últimos años, también se ha convertido en un sitio sagrado para quienes buscan un lugar de descanso para las cenizas de sus seres queridos.

Todo comenzó con el paso de la pandemia de COVID-19, que dejó una huella imborrable en millones de colombianos. Muchos no pudieron despedirse de manera tradicional de sus seres queridos debido a las restricciones sanitarias. Es así como la reserva El Pajonal, ubicada dentro del Páramo de Guerrero, se propuso convertirse en un espacio para recordar a los que murieron ¿cómo? sembrando arboles en honor a los fallecidos, con sus cenizas en el mismo lugar.
En la búsqueda de un legado verde en el Páramo de Guerrero
El acto de sembrar un árbol en memoria de un ser querido no solo representa un homenaje simbólico, sino también un gesto a favor de la restauración ambiental. Los páramos son ecosistemas esenciales para la captación y regulación del agua. Lamentablemente, el Páramo de Guerrero ha sufrido deterioro debido a la actividad humana. La iniciativa de la reserva El Pajonal busca contribuir a su recuperación mientras brinda una oportunidad de consuelo a los colombianos.
Carlos Zorrilla, quien en 2020 perdió a su abuela, seguida de su madre diez días después. Luego, fue a su abuelo tres meses mas tarde y, finalmente, a su mejor amigo diez días después. Ante la imposibilidad de realizar ceremonias fúnebres convencionales, decidió llevar sus cenizas a este lugar.
Según Jaime Ballesteros, director de promoción de la ONG encargada de la reserva, esta alternativa permitió a muchas familias transitar su duelo de una manera especial. «En la pandemia, las personas ingresaban a un hospital y no volvían. No hubo despedidas en iglesias ni funerales tradicionales. Aquí encontraron un espacio para honrar su memoria».

Llegar a este santuario natural requiere un viaje de aproximadamente dos horas desde Bogotá. Luego, una caminata de diez minutos por un sendero rodeado de pastizales conduce hasta el corazón de la reserva. En ese lugar, los familiares de los fallecidos cavan pequeños hoyos para depositar las cenizas y sembrar un árbol en su memoria.
Para todas estas personas, la experiencia de sembrar un árbol con cenizas, es sanadora. Nelson Sánchez decidió traer los restos de su padre a este espacio porque no se identificaba con los cementerios convencionales. «No sabíamos qué hacer con sus restos. Este lugar le ofrece un descanso en un ambiente que él hubiera amado», expresa.
Un espacio de memoria y esperanza
Cinco años después del inicio de la pandemia, el Páramo de Guerrero se ha consolidado como un santuario de recuerdos. Con más de 700 personas homenajeadas a través de la siembra de árboles, este lugar demuestra que el amor y la memoria pueden florecer en la naturaleza.
Este homenaje verde no solo ofrece consuelo a las familias, sino que también fortalece la biodiversidad y la conservación del Páramo de Guerrero. En cada árbol crece un pedazo de historia, un testimonio de resiliencia y un legado que perdurará por generaciones.
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